martes, 23 de septiembre de 2014

Devocional

Las fases del chicle.



 
 ¿Cuántas veces disfrutaste de un buen chicle e
n cualquiera de sus sabores? El clásico menta o mentol, sandía, banana para valientes, algunos más ácidos, otros dulces, con juguito de relleno o como relleno de un chupetín. O el por supuesto, probado por todos, rosa y majestuoso tutti- frutti.
Algo que es característico del chicle es que se podría dividir su proceso en nuestra boca en tres fases.

Fase 1: blando rico y gustoso (Este es el momento de la explosión de sabor, esos segundos en que cuesta masticar porque aún está espeso, pero se logra adquirir con cada mordida ese sabor fuerte, y uno empieza a jugar al lavarropas en la boca).

Fase 2: normal, punto medio (instante en que se mastica por inercia, el globo sale solo y casi ni notamos que lo hacemos).

Fase 3: se deshace, no produce más globo, no tiene gusto. (el terror entre tus dientes, estás a punto de escupirlo porque no solo no tiene sentido mantenerlo sino que ya es asqueroso, la sensación sería como comer una goma de borrar, se lo que estas pensando y sí, alguna vez probé una goma de borrar, pero volviendo al chicle, aquí perdió su sabor, su color, y ahora es una cosa dura que de esos globos aerostáticos que producía solo queda un intento de estirarlo hasta que se parte formando un desagradable anillo alrededor de tu lengua).
Salvo que tengas dientes postizos estás entendiendo bien de lo que hablo, igual si tenes dientes postizos es muy probable que sea por haber comido mucho chicle.

A nadie le gusta mantener el chicle en la tercera fase, y la realidad es que si mascar chicle se tratara solo de esa, directamente ni siquiera lo haríamos. Pero esa fase existe.
Ahora te voy a pedir algo, porque muchas personas podrían hacerlo. Tu vida cristiana podría estar identificándose con alguna de estas tres fases.
Si es así identifícala ahora.

Estas en esa explosión de sabor donde todo es poner fuerza y darle para adelante porque la cosa esta gustosa y a cada momento se infla más.
O en un momento donde ya todo es normal, lindo, pero normal, ir a la iglesia se volvió algo normal, la palabra es siempre similar, lo disfrutas, pero no estás como loco.

O lamentablemente te encuentras en esa última instancia, donde nada tiene sabor, ni tu iglesia, ni tu pastor, ni siquiera Dios, ya todo está duro, nada produce nada, todo se rompe o quiebra y estas a punto de desecharlo.

Si te podes identificar con cualquiera de estas tres y compararías tu vida cristiana con un chicle déjame tomarme el atrevimiento de corregirte y decirte que eso es un grave error.
Por el simple motivo de que ¡El chicle no alimenta!

El chicle nunca se traga, no es cierto tampoco como decían las abuelas que se pega al estómago, pero sí que no tiene que tragarse porque no es un alimento, sino un común entretenimiento.
No hay mayor engaño que un chicle. Solo se mastica, parece que se está comiendo algo, de hecho se realiza la primera parte del proceso digestivo, la de trituración y degradación por la saliva, pero nunca pasa a la siguiente que es la verdaderamente importante, la que nos sirve, la del alimento.
De nada sirve tener mucho sabor, mucho gustito o parecer que comemos inagotablemente (aunque en algún instante nos vamos a agotar de masticar y por ende desechar) si no podemos tragar y alimentarnos.

Muchas veces nuestra vida cristiana es esto. Tres fases en que al principio, todo es el primer amor. Todo tiene gusto, y todo produce grandes cosas. Cuando ya se empieza a degradar y vemos algunas fallas, toda emoción comienza a decaer, y se vuelve una rutina normal hasta que finalmente se pierde el gusto, nos desanimamos, nos cansamos de siempre lo mismo sin obtener nada y terminamos desechándola.

Amigo o amiga, te aclaro que lo que acabamos de ver son las perfectas fases de una religión.
No hagas de tu vida cristiana una religión de tres fases.
Que la vida en Cristo sea tu alimento. Que lo puedas tragar asimilar y su necesidad sea diaria, su gusto sea con cada bocado nuevo. Que no termines escupiéndolo. Sino permitiéndole entrar para nutrir.
Veamos un instante de la biblia que habla de alimento:

Levítico 10: 12 y 13.
12 Y Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar y a Itamar sus hijos que habían quedado: Tomad la ofrenda que queda de las ofrendas encendidas a Jehová, y comedla sin levadura junto al altar, porque es cosa muy santa.

13 La comeréis, pues, en lugar santo; porque esto es para ti y para tus hijos, de las ofrendas encendidas a Jehová, pues que así me ha sido mandado.

Dios le manda al sacerdote a comer la ofrenda. Aquello que era espiritual debía ser ingerido y unificado al representante ante Dios de los hombres, y esa ofrenda sería alimento para ese hombre, se convertiría de alguna forma en parte de su cuerpo, le proveería de nutrientes, de vitaminas, de sales, de grasas, produciría que la encimas funcionaran bien, le daría fuerzas y por supuesto desecharía lo que no fuera necesario, tendría hidratos entre un montón de cosas, por medio de la ofrenda a Dios.
¿Recuerdas algún otro momento en que Dios nos dice algo de comer?
¡Así es, lee conmigo: mateo 26:26!

Mateo 26:26
Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

¡El mismo Señor en su lecho previo a la muerte está diciendo que es alimento!
O sea, el estaba a punto de ser el sacrificio vivo, que reemplazaría a los que antes eran cumplidos por la ley, y tenía que de alguna forma hacernos recordar que es necesario asimilar esa ofrenda, o sea que podamos alimentarnos.
No engañes más a tu vida y a tu cuerpo masticando un chicle emocional, sino que pasa a la verdadera vida en Cristo, una vida de alimento por la cual Él se entregó.
Dios se nos presenta como un plato rico de comida diario.
Cuán hermoso es que un hogar la madre sea detallista con la comida, sea imaginativa y capaz de hacer que se coman siempre cosas distintas, y ni hablar de un buen asado de papá.
Dios quiere eso, quiere que cada día necesites alimento.

No podemos comer y darnos el lujo de esperar un mes para volver a comer, nos moriríamos. Tengo que decirte que a tu espíritu, le sucede lo mismo. No podes vivir de reuniones poderosas, o eventos multitudinarios. Tu espíritu necesita su alimento hoy y ahora, y a las cinco de la tarde, no le viene mal una merienda, un caramelito de por medio, algo para picar antes de la noche, porque sino el hambre nos mata, y por supuesto la majestuosa cena.

Esta es la realidad. Dios quiere ser tu alimento constante y diario en tu intimidad, en el calor de tu mesa. No podemos alimentarnos solo de festicholas eclesiásticas. Si no estás teniendo hambre de Dios, es porque estas en una etapa chicle y ojo que estas son muy peligrosas, no solo porque terminan en desecho, sino porque el chicle se pega, se estira y vuelve.
Años con el mismo pecado, años sin poder cambiar un hábito, años en la misma etapa, hermano, estas en un una etapa chicle. El chicle cuando explota embarra, la comida nunca explota, nutre.
Escupí eso y empieza a alimentarte del Dios vivo, de su ofrenda.
Que salga ese chicle de vos. Hay personas en este mundo puestas para recibir con sus manos tu asqueroso chicle, para escuchar lo que tengas que contar y presentarte por primera vez un increíble plato de comida gourmet que tiene tu nombre y apellido.
La comida nunca pierde el gusto porque se renueva cada vez que la comemos y nos sentimos extraños si no la tragamos.

Dios en este último pasaje nos está recordando simplemente eso, que asimilemos sus enseñanzas, su ofrenda, sus palabras, su vida, su carácter, su amor.
Características de una buena comida:
- siempre tiene gusto.
- Nutre
- Es un combustible para el cuerpo
- Produce que el cuerpo funcione
- Da fuerza
- Trabaja desde el interior
- Lo que sobra se desecha.

Que el cuerpo esté siempre bien alimentado.
Un cuerpo con buen alimento, No es obeso ni flaco en niveles peligrosos, funcionan todas sus áreas, tiene hambre diariamente, fuerza, etc…
Dios desea que nos alimentemos de Él, no solo por el gusto, sino para que podamos estar en forma y ejercitarnos, para estar sanos y fuertes. Si solo comemos y no tenemos actividad, engordamos a niveles mortales. El alimento que El quiere darte es perfecto para tu alma, va a regular tus emociones, a hablarle directamente a tus sentimientos, y a enseñarle a actuar a tu espíritu en conexión directa con su Espíritu, recibirás dones y poder, o sea que el mismo Dios va a poder administrare su economía celestial, en tu persona para la Tierra.

¿Qué estás esperando para ser alimentado por medio de su ofrenda de amor? El mismo Jesús se entrega como ofrenda y te llamó a ser rey y sacerdote en esta Tierra y te dice hijo, déjame ser el alimento de vida para tu ser. Déjame nutrir cada espacio, que mi sacrificio sea algo vivo en vos que recorra tus áreas de debilidad, les de fuerza y haga que todo funcione bien, dejame saciar y darle descanso a tu alma. Nada es más relajante como el momento posterior a una abundante comida.
¿Qué esperas? ¿Al recordar esto no te viene hambre de nuestro padre?
Un cuerpo mal nutrido, está débil, flaco, se llena de parásitos y lleva a la muerte.

El mundo sufre desnutrición crónica y nosotros tenemos el secreto del alimento universal. No es necesario moverte muy lejos de tu hogar para sentir el frío de una mano que se extiende pidiendo comida. Y nosotros disfrutamos de festicholas llenas de luces de colores y comida en abundancia, y a veces ni damos vuelta el rostro ante una cara de hambre porque estamos muy cómodos en el asiento del colectivo.

¿Qué tipo de comida estamos comiendo entonces?

El Señor nos manda a alimentar este planeta, pero primero miremos cómo nos estamos alimentando.
Si basamos nuestra vida espiritual en emocionales y gustosos chicles de eventos o si hay base de verdaderos momentos de alimento íntimos.

Si querés saber la respuesta en tu propio ser a la pregunta es simple. Fíjate en el fruto que des.
Es fácil: “Por su fruto los conoceréis”. No necesito recordarte cuál es el fruto del Espíritu ni que este llega de una y se encarna en nuestras vidas cuando nos llenamos de Dios.
Pero vuelvo a recordarte que fuimos llamados a alimentar al mundo.
A ser sal y luz.
La luz brilla en medio de la oscuridad, y la definición de oscuridad ¡Es falta de luz! Si hay oscuridad es porque escondemos nuestra luz.
Y la sal justamente tiene dos funciones. La de paradójicamente dar gusto. Y la de conservar a la comida. La sal sella de tal forma a la carne, que las bacterias del exterior no entran, evitando que se pudra y produzca gusanos, Dios quiere evitar gusanos en tu interior.
Y te recuerdo que nos alimentamos de cosas muertas bien conservadas.

Cristo murió para ser alimento.
Toda la dieta humana se basa en algo que alguna vez estuvo vivo y que tuvo que morir para convertirse químicamente en alimento combustible para nosotros.

¡Cristo murió en una cruz siendo ofrenda de ley sellada para convertirse en tu alimento diario, pero es el único alimento que está vivo, y que puede traer vida absoluta a tu espíritu! ¡Cristo está vivo y quiere alimentar tu espíritu! ¡Tu interior llora y clama por su padre, por tiempo con El, por aprender de Él, por dar frutos de una vez por todas!¡Este mundo llora por su Dios!¡Este mundo llora por comida!
Y nuestras mezas están llenas.
Por favor, alimentémoslo, amigo amiga, aliméntate del padre.

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